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Apóstol Gaspar Sapalú

Carta Pastoral

El sistema del mundo toma auge en estos postreros tiempos donde cada día se exige evidencias que se pueden culpar, observar, sentir para creer o aceptar lo que se enseña o cree. Pero con respeto a las cosas de Dios se han de percibir por la fé. El mundo mecanizado anula la conciencia de muchos hombres y el temor de Jehová desaparece.

Es aquí donde el ministro de Dios juega un papel protagónico. Es el enviado del cielo para mover a los hombres a la fé, llevarlos a la bienaventuranza de creer sin ver y tener la experiencia de un Dios invisible pero real, de traer la revelación de Dios a través de su palabra. El que ama la verdad y va en busca de ella la encontrará. David sentía el sabor de la palabra y exclamó, "Cuan dulces son a mi paladar tu palabras...Mas que la miel a mi boca" (Sal. 119:103) también el ministro corre el peligro de caer en el sistema del mundo para anular las verdades de Dios como lo hizo Balaam. Entre las promesas que el Señor ha dejado una de ellas esta lo que dice: "Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios, mas la reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras..."(Dt. 29:29). El que tiene la revelación lleva rhema de Dios, la unción le enseña, la palabra corre como tiempo y que su hoja no caiga y todo lo que haga prosperará. (Sal. 1) La revelación llega al ministro de diferentes maneras o ángulos dependiendo del llamado ministerial, de la entrega y búsqueda al Señor. La revelació en el Nuevo Testamento llegó así a : PABLO, fue discípulo en secreto y todo lo que aprendió se lo reveló el Señor directamente, por eso dice: "No consulte con carne y sangre" (Gal 1:16). JUAN, fue trasladado a la Isla de Patmos donde sugrió encarcelamiento, duros y arduos trabajos pero estaba en el Espíritu y lo llevaron al cielo para revelarle el Apocalipsis (Ap. 1:9). TIMOTEO, recibió la revelación de la palabra por los escritos y enseñanzas de su madre de su abuela y del apóstol Pablo (2 Tim. 3:14). LUCAS, fue e investigo todo lo ocurrido a los apóstoles y al Señor Jesucristo por medio de entrevistas a personas confiables y del Espíritu (Lc. 1:1-4) en el Antiguo Testamento la revelación llegó por medio de: Angeles, como ocurrió en la vida de Daniel: por, la mano de Dios cuando le dieron las tablas de la ley a Moisés: Ezequiel se mantenía entre el cielo y la tierra y le rebelaban la condición del verdadero Israel de Dios a través de visiones. El Señor dio a conocer su voluntad de muchas maneras a través de sus profetas y hoy nos habla por Nuestro Señor Jesucristo (Hc. 1:1,2). Los ángulos de revelación son diversos, no existe una sola vía, ni un solo método. Cuando los ministerios se inclinaron por un solo método de revelación. La historia nos enseña que se limitaron. Cayeron en métodos que los inclinaban a literalizar las interpretaciones de las escrituras cayeron en legalismos y principios que pertenecieron a otra época u otro pacto; otros cercenaban las verdades de la Palabra; otros las espiritualizaron cayendo en un misticismo exagerado.

Como el péndulo se iba a los extremos y no guardaron un equilibrio.

El equilibrio lo pone el Espíritu Santo a los que están dispuestos a inquirir en la ley de Jehová, a vivrla y luego ensañarla (Esd. 7:10) dándole el sentido correcto para todos los aque oigan, entiendan (Nm. 8:8). No existe un método hermenéutico que permita conocer los secretos de Dios, estos secretos son revelados por Dios mismo al que ama su palabra (Dt. 29:29) de otra manera no se conocerán. El mismo debe ser como el niño que llevó los peces y los panes a Jesús y fueron multiplicados y fue suficiente a la multitud para satisfacer su hambre, así se debe llevar los métodos teológicos de interpretación y de exposición de la palabra para que el Señor los maneje y se lleve la bendición a la Iglesia de Cristo. En todo tiempo es la guianza del Espíritu Santo la que tiene validez, no la del hombre. El Espíritu Santo nos lleva a la verdad, es el maestro de la verdad y conoce cuando revela las cosas secretas, cuando se puede soportar y sobrellevar.

Es responsabilidad del ministro exponer la palabra con claridad, con sentido, con didáctica del espíritu, trazar la palabra, es decir entender y enseñar espiritualmente. No limitarse a un método de interpretación, sino estar abierto a la revelación según el ángulo que el Espíritu Santo maneje para comunicarla. Recuérdese que ministros fuentes, no lo son todos, son escogidos, la mayoría goza de iluminación. No por ello se es menor o mayor, solamente cumplamos con nuestra función ministerial; se tendrá la misma recompensa. Cabe hoy decir lo que el apóstol Pablo recomendó a Timoteo "Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes de en palabra, conducta, amor espíritu, fé y pureza. Entre tanto que voy ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en tí que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifestado a todos. Ten cuidado de tí mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a tí mismo y a los que te oyeren" (1 Tim 3:12;16).





Apóstol: Gaspar Sapalú Alvarado


 
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Apóstol Gaspar Sapalú Alvarado.

 
 
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